Durante los minutos que rodean a la totalidad no solo veremos cómo cae la luz: también puede cambiar nuestra percepción de los colores. Conforme la iluminación disminuye rápidamente, nuestros ojos pasan de una visión dominada por los conos, propia del día, hacia un régimen mesópico en el que comienzan a participar con fuerza los bastones. Y ahí aparece el llamado efecto Purkinje. Efecto que podremos experimentar durante el eclipse total de sol.
Del rojo al azul: nuestros ojos también viven el eclipse
Con mucha luz somos especialmente sensibles a longitudes de onda próximas al verde-amarillo. Pero cuando la luminosidad cae, la sensibilidad visual se desplaza hacia longitudes de onda más cortas. Es decir, los tonos azulados y verdosos ganan brillo relativo mientras los rojos parecen apagarse y oscurecerse. Esta transición entre la visión dominada por conos y bastones es precisamente lo que conocemos como desplazamiento o efecto Purkinje.

Durante un eclipse total la caída de luminosidad es extraordinariamente rápida, por lo que podremos percibir este fenómeno en un paisaje que apenas unos minutos antes estaba iluminado por el Sol. La vegetación, los objetos azules o verdes e incluso nuestra propia ropa pueden adquirir un aspecto más brillante mientras que los colores rojos pierden intensidad. No es que los objetos cambien de color: es nuestra retina la que cambia la forma de interpretar la luz disponible.
Un pequeño experimento para el 12 de agosto
Hay una forma muy sencilla de intentar apreciarlo durante el eclipse: coloca juntos algún objeto rojo y otro azul o verde y obsérvalos mientras se aproxima la totalidad. También puede ser tu camiseta y de la gente que te acompañe. Con la disminución progresiva de la luz, el rojo tenderá a parecer proporcionalmente más oscuro, mientras que el azul-verde conservará mejor su luminosidad aparente.

Eso sí, no esperemos una transformación de película. Durante un eclipse la totalidad dura muy poco y nuestros ojos no alcanzan una adaptación completa a la oscuridad —la adaptación profunda de los bastones requiere bastante más tiempo, por lo que estaremos principalmente en una situación de visión mesópica, con conos y bastones trabajando simultáneamente.
Y quizá ahí esté precisamente una de las cosas más curiosas del 12 de agosto: durante aproximadamente un minuto no solo cambiará el cielo sobre La Rioja. También cambiará, literalmente, nuestra manera de verlo.
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