Los grandes episodios de El Niño de 1982, 1997 y 2015 provocaron patrones climatológicos completamente diferentes sobre el Atlántico y Europa. Las primeras tendencias para el invierno 2026-2027 parecen guardar mayor parecido con 1997, el escenario más favorable para la llegada de borrascas a España.
Los episodios de El Niño 1982-83, 1997-98 y 2015-16 se encuentran entre los más intensos registrados desde mediados del siglo XX. Sin embargo, ninguno produjo exactamente el mismo invierno en Europa, pese a que los estudios iniciales si que definían ciertas tendencias.
Esto demuestra algo que ya explicamos en nuestro análisis del invierno 2026-2027 en España: El Niño puede mover muchas piezas del tablero atmosférico, pero no decide por sí solo dónde terminan colocándose las borrascas y los anticiclones.
Súper El Niño de 1982: una marcada NAO positiva
El mapa de diciembre de 1982 muestra una profunda anomalía negativa de geopotencial sobre el Atlántico norte y anomalías positivas mucho más al sur. Es un patrón característico de NAO positiva.
Dicho de una forma más sencilla: la diferencia de presión entre las bajas islandesas y el anticiclón subtropical era muy elevada. Esto reforzó el chorro polar y desplazó la autopista de borrascas hacia el norte de Europa, dejando a la Península Ibérica bastante alejada de su trayectoria principal.

El índice de la NAO alcanzó en diciembre un valor de +2,64. En España peninsular se recogieron de media unos 56,4 l/m², mientras que enero de 1983 resultó todavía más seco, con apenas 4,7 l/m².
Eso sí, el invierno todavía se guardaba una sorpresa: en febrero se produjo una importante ola de frío que llegó a afectar a 44 provincias. Una buena demostración de que una tendencia seca o una NAO positiva no impiden que aparezca algún episodio frío puntual.
Súper El Niño de 1997: las borrascas bajaron de latitud
En diciembre de 1997 encontramos prácticamente el patrón contrario. Las anomalías positivas se concentraron entre Islandia, Escandinavia y el norte de Europa, mientras una extensa zona de geopotenciales bajos (bajas presiones) ocupaba buena parte del Atlántico.
Esta configuración fue compatible con una NAO negativa, aunque su intensidad concreta cambia según el índice utilizado. Lo verdaderamente interesante es la distribución espacial: el bloqueo en latitudes altas obligó al chorro y a las borrascas a circular bastante más al sur.

La consecuencia en España fue un arranque del invierno mucho más lluvioso. Después de los 172 l/m² de noviembre, diciembre dejó una media peninsular de 134 l/m², más del doble que en diciembre de 1982 y casi ocho veces lo registrado en 2015, como veremos.
No llovió igual en todo el país, pero la circulación atlántica tuvo mucha más facilidad para alcanzar el oeste, centro y sur peninsular. Es precisamente el tipo de escenario que planteábamos al hablar de una posible NAO negativa durante este invierno 2026-2027.
Súper El Niño de 2015: bloqueo, caloracho y muy poca lluvia
El patrón de diciembre de 2015 fue probablemente el menos deseable para España. Una potente dorsal anticiclónica se extendió desde la Península hacia Europa central, mientras las bajas presiones quedaban frenadas en pleno Atlántico.
Los frentes circulaban hacia el norte y apenas conseguían rozar Galicia. El índice mensual de la NAO alcanzó +4,22, uno de los valores positivos más elevados de toda la serie.

AEMET calificó aquel diciembre como muy cálido o extremadamente cálido. La temperatura media alcanzó los 10 °C, unos 2 °C por encima de lo normal, y la precipitación se quedó en solamente 17 l/m² de media nacional, el 20 % de la media mensual normal. Caloracho y sequedad en toda regla.
Conviene precisar que enero y febrero fueron posteriormente muy húmedos y compensaron parte del enorme déficit de diciembre. Por tanto, el mapa representa muy bien el nefasto comienzo del invierno, pero no todo el trimestre invernal 2015-16 fue igual a cómo empezó, al menos en precipitaciones.
Nuevo súper El Niño…¿Invierno 2026-2027?: por ahora, sería más parecido a 1997
El multimodelo estacional de Copernicus dibuja para diciembre, enero y febrero una anomalía positiva de presión cerca de Groenlandia y presiones inferiores a lo habitual desde el Atlántico hasta buena parte de Europa, incluida parte de España.
A grandes rasgos, esta distribución se parece bastante más a la de 1997 que a las configuraciones de 1982 o 2015. Las altas presiones en latitudes septentrionales podrían obligar al chorro polar a descender y permitir que las borrascas circulasen con mayor frecuencia hacia el suroeste de Europa.

Estamos comparando mapas históricos de geopotencial en diciembre con una previsión de presión para todo el invierno. Por tanto, hablamos de un «periodo comparativo incompleto», no de una repetición exacta de 1997. No obstante, de los tres grandes episodios históricos, 1997 es ahora mismo el que ofrece la comparación más razonable. Afortunadamente, el bloqueo cálido y extremadamente seco de diciembre de 2015 no es el escenario que muestran actualmente los modelos.
Por tanto, si esta predicción del multimodelo de Copernicus termina consolidándose, aumentaría la posibilidad de frentes atlánticos y precipitaciones por encima de lo habitual en buena parte de España, especialmente en el oeste peninsular. Los vientos del oeste y suroeste también favorecerían temperaturas generalmente suaves, aunque seguirían siendo posibles entradas frías puntuales.
Todavía estamos en octubre y queda mucha tela que cortar. El Niño empuja, pero serán el Atlántico, la NAO, el chorro polar y los bloqueos quienes terminen cocinando el invierno. En nuestro artículo principal sobre el invierno 2026-2027 seguiremos actualizando todas estas señales.
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