Las primeras tendencias estacionales apuntan hacia un invierno 2026-2027 más lluvioso y templado de lo habitual en buena parte de España. Un potente El Niño y una posible NAO negativa podrían desplazar hacia el sur la autopista de borrascas atlánticas para afectarnos de lleno.
Estamos todavía en octubre y queda mucha tela que cortar. Una predicción estacional no permite saber qué tiempo hará durante una semana concreta de enero, pero sí puede detectar qué configuraciones atmosféricas podrían repetirse con mayor frecuencia durante el trimestre diciembre-enero-febrero.
En esta ocasión, los mapas del multimodelo europeo C3S muestran una señal bastante coherente y con persistencia en sus últimas actualizaciones: bajas presiones circulando por latitudes inferiores a las habituales, más precipitaciones en el oeste de Europa y temperaturas generalmente superiores a la media.
Un Niño extraordinario, pero no manda solo
El Niño alcanzará probablemente una intensidad excepcional durante el comienzo del invierno, aunque su repercusión sobre Europa dependerá de cómo interaccione con el Atlántico, el chorro polar y la estratosfera.
La animación de las anomalías de temperatura del Pacífico permite observar una extensa lengua de aguas mucho más cálidas de lo habitual avanzando por la franja ecuatorial. Este calentamiento modifica las áreas de tormentas tropicales y genera una especie de efecto dominó capaz de alterar la circulación atmosférica a miles de kilómetros.
El gráfico elaborado a partir de 14 modelos estacionales sitúa el máximo de El Niño cerca de diciembre. Su mediana se aproxima a una anomalía de +4 °C, aunque existe bastante dispersión y ningún modelo ha sido probado anteriormente ante un episodio de semejante magnitud.

Eso sí, El Niño no tiene un botón con el que active automáticamente un invierno lluvioso en España, lo podemos ver en los análisis de su influencia en Europa. Es importante que sepamos que también influirán las temperaturas del Atlántico, los bloqueos en latitudes altas, la Oscilación Cuasibienal o QBO y el comportamiento del vórtice polar. Todos estos ingredientes darán como resultado el «puchero» de este invierno 2026-2027. Vamos a ver qué nos cuentan las señales de los modelos estacionales de Copernicus.
NAO negativa: la autopista de borrascas bajaría de latitud
El mapa de presión muestra una configuración compatible con NAO negativa: altas presiones cerca de Groenlandia y anomalías negativas desde el Atlántico hasta buena parte de Europa.
En una NAO positiva, el anticiclón de las Azores y las bajas presiones islandesas suelen impulsar las borrascas hacia el norte de Europa. Cuando aparece una NAO negativa, esa diferencia de presión se debilita y el chorro polar puede ondularse y descender de latitud. Es decir, la autopista por la que circulan las borrascas podría apuntar con mayor frecuencia hacia el suroeste de Europa. La Península Ibérica quedaría así más expuesta al paso de frentes y bajas atlánticas.

El mapa estacional no significa que vayamos a tener una borrasca sobre España durante los tres meses. Habrá pausas anticiclónicas y semanas secas, pero el balance del invierno favorecería una circulación atlántica más baja y activa de lo habitual.
Además, la relación entre El Niño y la NAO puede cambiar a lo largo del invierno. Algunos estudios encuentran una mayor facilidad para configuraciones de NAO negativa durante enero y febrero que al comienzo de diciembre. Por eso convendrá actualizar esta tendencia mes a mes.
Más lluvias y temperaturas generalmente suaves
La combinación de bajas presiones atlánticas y vientos del oeste o suroeste favorecería un invierno más húmedo y, al mismo tiempo, más templado de lo habitual en España.
El mapa de precipitación muestra anomalías positivas desde el Atlántico hacia la Península Ibérica y buena parte de Europa occidental. La señal parece más clara en el oeste y norte peninsular, las zonas que suelen recibir de lleno los frentes atlánticos.

Esto no significa que vaya a llover por igual en todo el país. El Mediterráneo y el sureste dependerán mucho más de la trayectoria exacta de las borrascas. Una baja cruzando por el sur podría repartir bastante agua, mientras que una circulación demasiado occidental dejaría esas regiones parcialmente al margen.
Las anomalías de temperatura a 850 hPa (aproximadamente 1.500 metros de altitud) también son positivas sobre España y gran parte de Europa. El predominio de masas de aire atlánticas, impulsadas por vientos del oeste y suroeste (ábregos), ayudaría a mantener un ambiente relativamente suave.

Un invierno más cálido de lo normal no significa que no vaya a hacer frío. Podremos tener heladas, nevadas en las montañas y descensos térmicos importantes. Lo que indica el mapa es que, al sumar todos los días de diciembre, enero y febrero, los periodos suaves probablemente pesarían más en el promedio.
La estratosfera podría guardarse alguna sorpresa fría
Los análogos estratosféricos plantean la posibilidad de un vórtice polar más débil o desplazado, aunque esta señal es bastante más incierta que la tendencia húmeda y templada.
Los mapas de temperatura y viento a 10 hPa, unos 30 kilómetros por encima de nuestras cabezas, no son una predicción directa del próximo invierno. Son composiciones de meses anteriores con configuraciones atmosféricas semejantes y sirven para explorar qué podría suceder, no para asegurarlo.


Cuando los bloqueos anticiclónicos de latitudes altas generan ondas atmosféricas suficientemente intensas, parte de esa energía puede propagarse hacia la estratosfera y debilitar el vórtice polar. En ocasiones se produce un calentamiento súbito estratosférico o SSW: la temperatura aumenta rápidamente y los fuertes vientos que rodean el Polo pueden debilitarse o incluso invertir su dirección.
Si sus efectos consiguen descender hacia la troposfera, aumenta la facilidad para que el chorro polar se ondule y algunas masas de aire frío escapen hacia latitudes medias. Europa occidental podría verse afectada, pero no es la única trayectoria posible. El frío también puede dirigirse hacia Norteamérica, Asia o el este de Europa.
Además, la QBO presenta actualmente una componente occidental en torno a 30 hPa, un factor que climatológicamente tiende a favorecer un vórtice polar más resistente. Por tanto, sería precipitado asegurar desde octubre un gran episodio frío o un calentamiento estratosférico. No obtante, el gran analista Jordan Amman, desde su cuenta de X (antes twitter), pocas veces suele ir mal encaminado en sus análisis por conjuntos análogos, como es el caso.
En definitiva, el escenario principal para el invierno 2026-2027 sería más dinámico, húmedo y templado de lo habitual, con las borrascas circulando por latitudes relativamente bajas. Los episodios fríos seguirán siendo posibles —incluso alguno podría resultar intenso si se alinean los bloqueos y la estratosfera—, pero por ahora no constituyen la señal predominante. Iremos actualizando desde La Rioja Meteo.
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